¿Me valoro o me aprueban?
- No Estamos Solas
- 4 oct 2018
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 19 mar 2019

Suena duro quizás leer este título, pero creemos que la mayor parte del tiempo nuestra valoración propia va ligada a lo que el resto opina de nosotras y por ello, pareciese que estamos en una lucha constante intentando que nos aprueben para sentirnos valoradas, siguiendo o haciendo cosas para “encajar” con los demás, muchas veces en contra de lo que nos gusta, lo que va afectando nuestra autoestima.
Autoestima … Probablemente todas tenemos una noción de lo que significa y también podríamos coincidir que más de alguna vez nos ha tocado escuchar o bien verbalizar, “hoy ando con la autoestima baja”, empleando este concepto como si fuese un estado anímico. Sin embargo, es un constructo que comienza a forjarse desde que somos muy pequeñas; primeramente a través del feedback de nuestro padres o familia núcleo, luego con nuestros pares y figuras de autoridad o personas especiales para nosotras en cuanto a la importancia que le otorgamos a sus juicios, sin olvidar el contexto social, el cual nos impacta desde el minuto que nacemos.
Si reflexionamos acerca del párrafo anterior, vemos como la autoestima se va construyendo y a lo largo del tiempo, alimentándose, de juicios externos. Debido a esto, el contexto en donde nos desarrollamos tiene un alto impacto, donde un comentario, una conducta, por pequeña que sea, nos va sembrando bases de como debiésemos ser y que espera este mundo de mí. Sin embargo, así como la construcción de la autoestima se alimenta de juicios externos, a su vez se va formando desde dentro. Entonces, ¿en qué momento de nuestras vidas comienza este proceso interno?, o al revés, ¿en qué momento se vuelve tan importante lo que el “entorno” piensa de nosotras para poder saber quiénes somos?
Al parecer hemos sido criadas/domesticadas para complacer las expectativas de los otros, depositando en el exterior la aceptación de nuestro yo, lo que supone una anulación de lo que soy o quiero ser.
Este feedback o juicios externos responden a estereotipos sociales con los que se catalogan los comportamientos esperados, siendo en su mayoría invisibles/silenciosos e incuestionables, tratados como si fueran una verdad y una condición per se para ser una buena representación de nuestro género. Por lo tanto, nuestra identidad y por consiguiente, nuestra autoestima, se van construyendo en base a estos juicios pero, ¿qué tanto estos juicios representan lo que en verdad somos o queremos ser?
A lo largo de nuestra vida vemos que los juicios van cambiando, así como también las exigencias que se nos imponen o nos imponemos para cumplir con lo que se supone es adecuado o valorado para cada una de las etapas de ser mujer. Estos juicios van desde como comportarnos, como vestirnos, como lucir, que actividades hacer o no hacer, etc., etc. Podemos seguir al pie de la letra cada una de las características esperadas en una mujer y en sus distintas etapas pero, ¿esto nos hace sentir plenas?, ¿nos permite conectarnos con lo que somos o realmente queremos ser?, muchas veces no, aunque nos atrevemos a plantear que casi nunca, ya que nos desvelamos pensando en cómo hacer lo que el “mundo” espera de nosotras, hacemos dieta, nos comportamos y nos vestimos para ser aprobadas por el resto, lo cual puede brindarnos una satisfacción transitoria pero no total ni a largo plazo. La tensión o conflicto que se produce entre lo que soy y “debería ser” puede ser la antesala de enfermedades tales como algunos tipos de depresión, trastornos alimenticios, vulvodinia, entre otros.
Tal como lo mencionamos en nuestra publicación anterior, somos mujeres que cumplimos una multiplicidad de roles y queremos hacerlo a la perfección, de acuerdo a parámetros externos, muchas veces inconscientes de que es así. Creemos que así lograremos una buena autoestima, porque si lo hacemos bien, el entorno enjuiciará nuestra performance de manera positiva; es como ir acumulando puntaje al estilo del capítulo uno de la temporada tres de la serie Black Mirror.
Nos volvemos tan autoexigentes que automáticamente nos sentimos con el derecho de exigirlo también a otras mujeres, cayendo en el juicio destructivo del comportamiento o performance de otras. A lo anterior, hay que sumar también el hecho de que este patrón de comportamiento está arraigado hace tantos años que es el estilo de conducta que vemos desde que somos pequeñas y por ende, asumimos que es cómo se deben hacer las cosas, que es lo “normal”. Son estereotipos sociales que nos traen sufrimiento, por lo que en vez de apoyarnos y de una vez por toda derrocarlos, le damos más poder y los perpetuamos en el tiempo, alejándonos de nosotras y entre nosotras.
Digamos basta a tener que ser como el mundo espera que seamos, de cumplir una multiplicidad de roles desconectados y a un elevado nivel de perfeccionismo en el cual, ¿cuántas no nos hemos sentido “fracasadas” en el intento por conseguirlo? Si no, ¿cómo podríamos empatizar o bien llegar a reencontrarnos en la sororidad, si ni siquiera nos aceptamos/valoramos por lo que somos, y seguimos lo que el mundo espera de nosotras (medios, familia, parejas, amigos, trabajo, etc.)?
Comencemos a conocernos, aceptarnos, querernos, ser leales a nuestro estilo; lo que conllevará una conexión más auténtica entre nosotras, respetuosa de nuestros estilos, procesos, etc.
Reencontrarnos en la sororidad nos brindará un espacio nutritivo para generar transformación y no tan solo a nivel individual, sino al conjunto mujeres y a los cambios que en nuestro país queremos lograr; ya que No Estamos Solas.






Por la edad que tengo, creo no son novedosas mis opiniones, ya se ha vivido y espero haber aprendido de las experiencias. Respecto al tema, creo que está atado a nuestra idiosincrasia (por varias razones), como por ejemplo timidez o inseguridad que hace que dudemos de nosotros mismos y entonces mirados alrededor para pedir aceptación y, sacando lo que mi época me dió, pienso que sería práctico que en los Colegios se dieran clases de Yoga, así como se da Gimnasia; qué aportaría ? que esta práctica nos lleva a armonizar u ordenar nuestro cuerpo con la mente y el espíritu y esto va ordenando, casi sin proponernos nuestra persona, así sin darnos cuenta vamos adquiriendo seguridad y un montó…